Educación 5.0: humanos, no máquinas

“La verdadera educación otorga conocimiento, pero también conciencia crítica para que cada alumno pueda asumir su papel protagónico”.
Paulo Freire

Eduardo Pérez Arroyo

La tecnología llegó para quedarse. Pero los seres humanos llegamos al mundo antes que ella, y seguramente permaneceremos más tiempo en él.

En 2012 Frank, un anciano de 76 años, descubrió la amistad y el apoyo de un androide, blanco que más tarde se convertiría en su cómplice y le recordaría las cosas que olvidaba. En 2014 Theodore, un hombre solitario, entabló una relación amorosa con un programa computacional de características femeninas. En 2015 Hiro, de 14 años, inició una entrañable amistad con un robot llamado Baymax. En todos estos casos la relación humano-máquina resultó mucho más fructífera que algunas que existen entre los seres humanos.

Los tres ejemplos anteriores no son reales sino películas de Hollywood. Pero el tema que tocan es muy real: la relación cada vez más cercana, y a distintos niveles, entre los seres humanos y las máquinas.

Según UNESCO, las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) pueden complementar, enriquecer y transformar la educación. Y respecto de la educación, indica que “la tecnología puede facilitar el acceso universal a la educación, reducir las diferencias en el aprendizaje, apoyar el desarrollo de los docentes, mejorar la calidad y la pertinencia del aprendizaje, reforzar la integración y perfeccionar la gestión y administración de la educación”.

Esta corriente educativa integradora de tecnología, que casi todos los especialistas coinciden en denominar Educación 4.0, es parte de un paradigma mucho más amplio: la penetración y el uso de la tecnología en todos los ámbitos de nuestras vidas, más allá de la educación. El nombre de este paradigma: sociedad 4.0, industria 4.0, o incluso revolución 4.0.

“En el concepto de Industria 4.0 lo que prima es la conexión de máquinas con ambientes productivos automatizados que se nutren de datos. Se delega a la Inteligencia Artificial (IA) las tareas mecánicas, peligrosas y rutinarias. Así, los seres humanos aportarán su propia inteligencia y experiencia para la realización de tareas específicas”, dice la empresa de telecomunicaciones Telcel.

Sin embargo, agrega la misma fuente, “uno de los temores subyacentes es que el hombre sea remplazado por robots”. Y la realidad indica que en algunos pocos casos la desconexión entre los hombres y las máquinas puede llegar a generar problemas.

En junio de 2018 Ibrahim Diallo llegó a su trabajo, pero la tarjeta electrónica que le permitía entrar no funcionó. Contactó a su jefa, quien le dijo que no se preocupara y que ella lo resolvería personalmente. No lo logró. Contactó al director, quien avaló que Diallo seguía siendo parte de la empresa. Pero el sistema computacional seguía negándose a tratarlo como un empleado activo: para los archivos Diallo ya estaba fuera. La situación llegó al extremo de que los guardias de la empresa le pidieron salir y lo escoltaron fuera del edificio. Pasaron varios días durante las cuales no pudo trabajar ni cobrar su salario. A las tres semanas descubrieron el error: su exjefe, efectivamente despedido, no había renovado su contrato en el sistema computacional.

El ejemplo anterior —real, pero extremo y muy poco probable que suceda de nuevo— constituye una advertencia sobre la importancia de que sean seres humanos y no máquinas quienes estén a cargo de algunas decisiones. Y especialmente en un momento en que la industria 4.0, es decir la interacción y colaboración entre el hombre y la máquina y todo lo que ella implica, convive a diario con nosotros.

El aporte que pueden otorgar las máquinas al mundo es innegable. Permiten, entre otras cosas, proteger a los humanos, agilizar tareas mecánicas y procesar datos con una rapidez que el cerebro humano no tiene. Pero en un mundo en que estamos rodeados de máquinas que utilizamos a nuestro favor, es necesario no olvidar lo esencial: la conciencia humana y los seres humanos son irremplazables.

En la actualidad, entre las empresas modernas hay unanimidad en que en ningún área del conocimiento o la actividad humana –excepto para tareas muy específicas y delimitadas— es pertinente dejar en manos de máquinas las decisiones que pueden tomar los propios seres humanos. En el caso de la educación este aspecto cobra una relevancia aún mayor: las máquinas y la tecnología están para agilizar procesos, ayudarnos a procesar datos y conducirnos a nuevos descubrimientos, pero no para reemplazar las conciencias, capacidades, competencias, habilidades o anhelos de los alumnos. Esta última corriente ya tiene un nombre: Educación 5.0. ¿El paradigma? La industria, la sociedad y la educación 5.0 se trata de seres humanos, y no de robots.

EDUCACIÓN 5.0

“La responsabilidad de los científicos sociales y los humanistas no se limita al desempeño de una función de producción y diseminación de conocimientos especializados. También incluye compromisos éticos con los principales valores del interés público”, asegura Marianela Denegri, directora Núcleo de Investigación Científica y Desarrollo Tecnológico de la Universidad de la Frontera de Temuco, Chile.

En otras palabras: ante la irrupción de los avances tecnológicos y el conocimiento técnico, el rol de las humanidades y las ciencias sociales es el de detenerse a reflexionar acerca de la relación entre humanos y máquinas, y especialmente sus implicancias para el futuro.

Es precisamente fruto de esa reflexión que la Educación 5.0 es un concepto aún en construcción, que se relaciona con reasignar importancia a las personas antes que a las herramientas tecnológicas en cualquier proceso. La prevalencia de los seres humanos por sobre las máquinas es un asunto atendido ya largamente por algunas de las empresas líderes en educación, y es la tesis de varios pensadores modernos.

El profesor Rubén Núñez de Cáceres, licenciado en Filosofía y Letras Españolas y director del Centro de Valores Humanos del TEC de Monterrey Campus Tampico, asegura que:

“No podemos permitir que la tecnología siga avanzando y la educación no. Si la educación no va un paso adelante de la tecnología, un día nos rebasará. En muchos casos se ha confundido la instrucción, referida al proceso unilateral de traspaso de datos, con la educación”.

Respecto de la vía adecuada para redimensionar la prevalencia de la conciencia humana por sobre los avances tecnológicos, subraya la necesidad de que las nuevas generaciones no únicamente se esmeren por obtener las mejores calificaciones “sino por aprender y promover los valores. Solo eso permitirá el verdadero progreso y la construcción de un mundo mejor”.

Similar postura tiene la escritora y educadora uruguaya Shaina Leoni, para quien la formación humanista que absorban los alumnos en cualquier contexto es irremplazable.

“Hablar de una educación humanista implica hacer referencia a aquel tipo de educación que pretende formar integralmente a las personas como tales, a convertir a los educandos en miembros útiles para sí mismos y para los demás. Es por eso que además de los temas curriculares pone énfasis en la enseñanza de normas, valores y creencias que fomenten el respeto y la tolerancia entre las personas”.

La propia ONU ha recalcado la importancia de educar con valores desde temprana edad. Para la organización,

“todas las investigaciones confirman la importancia de los primeros años para influir de manera positiva y de manera duradera en los niños. Las orientaciones en valores de los niños ya se han determinado para cuando alcanzan la edad escolar, y los primeros pasos hacia una vida de actividades pacíficas, no-violentas, de respeto por sí mismo y los demás y de aprecio a la diversidad se deben tomar durante la primera infancia, cuando los niños empiezan a madurar y a construir sus marcos de referencia cognitivos y afectivos”.

“Los humanos no tendrán que competir contra las máquinas”, dice a su vez François Chollet, ingeniero de software especializado en IA y aprendizaje automático en Google, al diario El País. “La IA se ocupará de las tareas en las que los humanos no somos muy buenos, y lo harán mejor. Serán una herramienta, no la competencia”.

EDUCACIÓN HUMANA EN KNOTION

En el caso de Knotion, la prevalencia de la conciencia humana por sobre la tecnología se encuentra explícitamente mencionado entre sus principios fundamentales.

“En Knotion, desde nuestro origen establecemos que las habilidades humanas se imponen ante el uso de la tecnología” asegura Noemí Valencia, Chief Learning & Inspiration Officer de Knotion. “Tanto así, que nuestro principio es ‘humanamente digital’. Es necesario que nunca dejemos de lado ese paradigma, que a veces en el mundo moderno tiende a confundirse”.

Para Noemí Valencia, la participación de más actores humanos en la formación de los alumnos es la piedra angular de cualquier ecosistema educativo.

“Un elemento característico de la Educación 5.0 es que todos los actores de la comunidad educativa debemos participar, y eso otorga un rol muy relevante a las familias. Y sobre nuestro rol como educadores, para que el aprendizaje sea adecuado es fundamental que desde pequeños formemos a nuestros alumnos para que, basados en sus propias capacidades y competencias, se asuman como agentes activos de cambio positivo”.

Consultada explícitamente respecto del rol de la tecnología, Noemí es categórica:

“Es solo una herramienta, no un fin”.

En síntesis: la positiva arremetida de la tecnología en las aulas, conocida como Educación 4.0, dinamizó procesos, atrajo de mejor manera la atención de los estudiantes, permitió estadísticas mucho más claras y actualizadas respecto de los resultados del aprendizaje y, finalmente, mejoró la manera en que los alumnos aprenden. Sin embargo, su consolidación implica hoy redefinir el rol de la tecnología, con el objetivo de recordar que las máquinas nunca deben reemplazar las características y particularidades de los seres humanos.

La capacidad humana de mirarse de frente, conversar, debatir, apoyarse y sonreírse mutuamente es irrenunciable e irremplazable, y es deber de todos los educadores modernos aplicar ese paradigma en todas las acciones con sus alumnos. Solo si lograremos relaciones realmente fructíferas en la interacción entre los seres humanos y las máquinas. Solo así seremos capaces de formar nuevas generaciones más sanas, prósperas, sustentables y felices.

FUENTES:

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