Carta abierta a los educadores mexicanos: está en nuestras manos

Por Noel Trainor

 Estamos en un momento coyuntural.

Durante las últimas semanas hemos observado en distintos medios la intención de líderes políticos y autoridades de todo el país de agilizar la vuelta a clases de miles de niños de México.

Entre otros planteamientos, quienes apelan a esta medida afirman que el retorno a clases es vital porque, de otra forma, los niños estarán en peligro permanente de consumir contenidos no aptos.

Quienes defienden el regreso pronto a los salones de clase han reflotado un interesante debate. Uno que quienes trabajamos en el área de la Educación hemos abordado desde hace tiempo y de manera frecuente.

Se trata de las consecuencias de incorporar diferentes tecnologías al proceso de enseñanza y aprendizaje.  

Hay varias lecturas sobre este tema. En este caso me referiré a dos de ellas.

 La primera tiene relación con que hoy, en muchos sectores de México, persiste un prejuicio ante la idea de incorporar a las aulas aparatos como computadoras, laptops, tablets y otras tecnologías de la información.

Creo que este prejuicio no parte de un rechazo terminante al uso de esos aparatos, sino sencillamente del desconocimiento.

Esto no debe parecernos extraño, puesto que el rubro de las tecnologías de la educación, que hoy es tan dinámico, tiene apenas pocos años.

La inquietud de quienes ven riesgos en la incorporación masiva de tecnologías de la información y la comunicación en las aulas —una inquietud que aún manifiestan amplios sectores— es razonable, y los educadores debemos estar dispuestos a atenderla.

La respuesta a esa inquietud es simple: en ambientes controlados, monitoreados por plataformas tecnológicas especialmente diseñadas, y con la asesoría permanente de maestros y educadores, es completamente posible asegurar que los contenidos que recibirán nuestros pequeños serán los más adecuados y de la mejor calidad. Así lo hacemos muchas empresas en México y en todo el mundo.

 La segunda lectura sobre esta visión se relaciona con la posibilidad histórica que hoy tiene México de dar un salto cualitativo.

Es un hecho que, en promedio, hoy nuestro país se mantiene entre los últimos en cuanto a los índices de aprovechamiento educativo.

Y, producto de lo anterior, es casi una certeza que transitar exactamente el mismo camino solo condenará a México a permanecer en ese lugar.

Una de las respuestas posibles al desafío de mejorar las vidas de los niños del país es incorporar la tecnología a la educación. Lo muestran todos y cualquiera de los indicadores modernos.

Hoy los países líderes en educación tienen sistemas que combinan las mejores herramientas de la educación tradicional con las que aporta la educación tecnológica; negar esa realidad —y por consiguiente, negar la incorporación sistemática, cuidadosa, planificada de la tecnología en las aulas— es negar el futuro del país.

Muchos sectores del país todavía desconocen mayores detalles respecto de la relación entre la tecnología y la educación. Resulta lógico, puesto que la educación tecnológica aún es tema de especialistas y el grueso de la población no identifica certeramente los detalles.

No se trata de hacer una crítica a quienes, aun estando en posibilidad de hacerlo, no promueven la tecnologización de las aulas en sistemas educativos públicos y privados. Se trata de identificar las coincidencias y objetivos comunes.

 Y somos nosotros, los educadores y empresarios de la educación, los encargados de liderar ese proceso.

Es nuestro deber hacernos escuchar para invitar a autoridades, y a otros expertos y educadores, a analizar en conjunto las fórmulas para lograr esos objetivos, y tras ello abordar los debates y establecer las conclusiones pertinentes en beneficio del país.

Las clases presenciales aún son uno de los puntales de los sistemas educativos en México y en el mundo, pero su utilización como único sistema de enseñanza y aprendizaje ya está en retirada y —lo sabemos largamente— está probado que su combinación con otras alternativas y formatos entrega más y mejores resultados.

El verdadero desafío es hacer que los aparatos tecnológicos sean herramientas realmente útiles y provechosas para nuestros niños.

 Por fortuna, es algo que probadamente ya sabemos hacer. 

Estimados educadores mexicanos: negar hoy a nuestros pequeños el acceso a la educación que incorpora las Tecnologías de la Información y la Comunicación es condenarlos irreversiblemente a permanecer atrás. Ese es el mensaje que debemos hacer llegar.

Me dirijo a ustedes para extenderles una invitación. Una invitación a que, por nuestra parte, invitemos a nuestras autoridades, círculos de expertos y educadores de todo el país a conocer nuestras empresas, nuestras propuestas y todo lo que hacemos.

Principalmente, debemos lograr que todos ellos vean en terreno lo que podría llegar a hacer México a través de una alianza entre el sector público y las empresas que producimos, operamos y distribuimos tecnologías de educación.

Debemos convencer a los sectores implicados de que todos tenemos el mismo objetivo: entregar la mejor educación a nuestras nuevas generaciones.

Es el momento de que nos unamos para lograrlo.

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